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Aguas con la 4ta

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Aguas con la 4ta

Pero ¿cómo?, ¿ahora hasta de automóviles?, lo que es no tener nada sobre que escribir; pero esperen y verán, no todo es tan como parece, lo evidente no lo es tanto.
El Tres-OT (así se les decía a esos cochecitos y saber por qué) es un animal raro, lo era incluso antes, cuando estaban de moda, entre la segunda mitad de los sesenta y primera de los setenta quien no tenía para comprarse nada mejor tenía que optar por el Renault 4; era un auto útil aunque tramposo, en principio era un automovil disfrazado de camioneta; era también mañoso, por fuera todos lucían igual pero hay de iguales a iguales. En la versión más económica (costaba apenas algo más que una buena moto de 125cc) todos sus “herrajes” (manivelas, palancas, botones) eran de plástico y los asientos estaban forrados de vinilo corriente; en la versión de “lujo” los herrajes eran metálicos y los asientos eran de tela.
En fin, que de cualquier manera, de eso a nada, pues menos peor era eso; las dos versiones eran económicas, de los autos que circulaban en México era el que menos combustible gastaba. Recuerde quien lea esto: parecía camioneta pero era sólo un 4 cilindros.
Tenía otras ventajas, apenas estaban entrando a nuestro país los vochitos y eran importados, mientras que los R4 se armaban en el país; la Fiat, antes preferida con sus F1100 y F1500, estaba en vías de regresar su armadora a Italia y se iría poco después, así que el R4 acaparó ese “nicho de mercado” (algo así como ahora las motos Italika, por el precio, la diferencia es que no eran desechables como sí lo son las motos que vende el patrón de Esteban Moctezuma).
El caso es que era versátil, se le podía adaptar prácticamente cualquier chasis y se convirtió en el auto-camioneta favorito de los pequeños negocios... y era una marca distintiva del “partido invencible”; a sus “operadores” más rascuaches los dotaban de esas “camionetas” (después les darían vochos y, ya a finales de los ochenta, serían los shadows); si en una colonia popular o en una fábrica de pronto el líder aparecía manejando uno de esos ya se sabía que le habían llegado al precio... y que se había jodido el asunto.
Mecánicamente no tenía peros; salvo por la novedad de la palanca de velocidades, la gente estaba acostumbrada a la palanca al volante o, en su defecto, al piso; pero los R4 la traían en el tablero.
Y no era ese, ni fue, su principal problema, el caso es que el R4 tenía sólo 3 velocidades. Quienes saben de mecánica dicen que no hay nada malo en particular con las tres velocidades. Es más simple y más barato de producir que uno de cuatro velocidades. Siendo más simple de fabricar es más difícil que las partes se estropeen; no desarrolla la potencia y velocidad que uno de 4, pero si lo querían sólo para ciudad ese no era problema en ese entonces (y ahora menos, con dificultad llega uno a poder meter la tercera en los embotellamientos que se forman en todas las grandes urbes).
El caso es que, con todo y sus ventajas (precio, economía de combustible, versatilidad, tamaño... vamos, hasta simpático se veía el cochecito), no era un auto muy apreciado entre los “particulares”, era como vestir de “casimir” de las tiendas Milano, con zapatos del Taconazo Popis, colonia lavanda de Sanborns y/o maquillaje de Avón llama.... la pura finta pues.
Así que el R4 se quedó, al final, sólo como “instrumento de trabajo” de los pequeños negocios y “símbolo de estatus” de quienes iniciaban el ascenso en la escala de “La Revolución que empieza a hacerles justicia”.
Era, por decirlo en términos políticos, un “coche modelo PRI”; parecía que hacía y era todo: parecía camioneta si eso queria que pareciera, o coche; parecía que un R4 era igual a otro R4 pero, había unos “más iguales que otros”. los aditamentos hacían y marcaban, al menos para el propietario, la diferencia.
Y funcionó hasta que entró “la competencia”; había que parecer otra cosa para seguir siendo lo mismo.
Hoy en día casi no se ven y es que, por mucho que les dijeran que era sólo un Tres-OT, los “orgullosos” poseedores tercos en meter la 4ta... ponían la reversa... y, obvio, el R4 tronaba; hoy son sólo carcachas que ni para el deshuesadero (Héctor R. de la Vega)